23 de Noviembre de 2004 :: Relato de Pablo Giottonini
K42,
VILLA LA ANGOSTURA,
NEUQUÉN Sábado a la mañana. Partimos desde Allen, provincia de Río Negro, con sol. Sábado a la tarde. Arribamos a Villa, provincia de Neuquén, sin rastros de él. Fuimos directamente al centro de convenciones a buscar las remeras y pecheras con los números correspondientes. 204 y 205. Listo. Ya se terminaban las palabras. Mañana los pingos se verán en la cancha. Un poco de paseo
rutinario. El puerto,
el río Correntoso,
el cerro Bayo y finalmente
La Anónima.
Siguiendo las recomendaciones
cargamos abundante
líquido y carbohidratos
al changuito, también
le metimos mucha confianza,
fe y un postrecito
helado que según
los libros no estaba
permitido. 28 minutos y descontando. Fotos. Más Gatorade. Estiramos un poco las piernas mientras nos seguimos mojando. 10 minutos, 5, y vamos todos a la línea de largada. 10, 9, 8 segundos, y la música de fondo que ponía la piel de pollo, . . . 3, 2, 1 . . . Allá vamos. Un malón de corredores, que derramábamos adrenalina por donde pasábamos, partimos a vivir una de las carreras más duras de la Argentina. 42 km de cordillera, recorriendo lugares pintados a mano, con senderos impredecibles bañados en barro, arroyos de agua helada con puentes improvisados, árboles añejos, cañadones impactantes, subidas y bajadas interminables, INCREIBLE, realmente INCREIBLE. Volvamos a la competencia. Los primeros kilómetros quedaban atrás. Yo intentaba plasmar en la práctica la poca teoría que había conseguido. Empecé tranquilo, muy tranquilo, ese era el plan. A veces mas vale un mal plan que ningún plan. Aunque finalmente resultó siendo un buen plan. Primer tramo sin complicaciones. Llegamos al puente del Correntoso. El equipo de apoyo nos esperaba con una lluvia de flashes y primeros planos. Tomamos aire y encaramos el primer obstáculo importante: La trepada al Inacayal. Un desfile de pecheras naranja zigzagueando con el objetivo de hacer cumbre. Por fin arriba se dejó ver una cascada sacada de un cuento de hadas. Era el premio ha tanto esfuerzo. Qué hermosura. Indescriptible. Maravilloso. Quiero quedarme acá, que me vengan a buscar. A bajar. Para que
bajamos si en un rato
tenemos que volver
a subir ? ? ?. Aumenté
la velocidad, y con
algunos compañeros
casuales, esquivando
charcos, troncos y
mas charcos, bajamos
como si nos estuvieran
empujando por la espalda,
la pendiente no nos
permitía hacer
un alto ni para respirar. Chequeo general. De aire bastante bien. De piernas no tan bien. Regalando un poco de nota, estaba pisando los 7 puntos. Y a subir. Casi 3 horas de viaje. Los primeros estaban llegando y yo haciendo glúteos en el medio de la nada. Casi 4 horas y el puntaje había bajado estrepitosamente. Estaba en un 4. Mucho viento. Mucha agua. Empapado. Miedo? ? ? Puede ser. Mis piernas ya habían perdido la cabeza. Que hago un domingo sufriendo acá arriba. Tendría que estar en misa. Con mucho, mucho frío caminé los últimos metros hasta el retome. Arriba el médico con una toalla calentita me revivió las manos, que apenas reaccionaban. Gracias maestro. Entré al refugio. Era el paraíso. Calentito. Me cambié la remera. Me comí una banana. Agua. No quiero salir de acá. Insisto, . . . que me vengan a buscar. Te quedan 12 kilómetros. No es nada. Ya lo tenes. Nuevamente a bajar. El viento ya se sentía menos, y con la lluvia ya éramos amigos. Las piernas elevaron una queja. Las piedritas en la zapatilla no dejaban en paz a los dedos empapados, que inmediatamente se unieron a las quejas de las piernas. Lo único que falta. Que se me retoben ahora. Les trasmití mi firme decisión de no parar y no les quedó opción. Donde manda marinero no manda capitán. No conformes con eso me mandaron al piso, de panza en plena bajada. Todavía no le puedo sacar el barro amarillento a la remera. Base del Cerro. Que alegría verlos. Nuevamente los planos y los flashes que quedaran para siempre. Últimos 6
km. Interminables.
Dale. Dale. Dale.
Casi 5 horas de viaje.
Entré a Villa
La Angostura con mi
amiga la lluvia. Seguí
las vayas. El corazón
quería salir
a ver. Algunas lágrimas
salieron. Las piernas
y los dedos se olvidaron
del dolor. El pecho
se infló. Algunos
aplausos. La meta
que se nublaba. Un
sueño que se
estaba cumpliendo.
Un sueño que
se cumplió
. . . La reconciliación con mis piernas fue en la carpa de masajes. Después de una ducha me entregué a dos profesionales que durante 30 minutos me hicieron feliz. Que no se mal entienda por favor. Esos masajes fueron sencillamente espectaculares. Cuando bajé de la camilla no caminaba, flotaba. Salí de la carpa. Seguía lloviendo. Miré hacia arriba, la cima del Bayo no se veía porque las nubes lo cubrían. Le guiñé un ojo y le prometí que nos volveríamos a ver el año que viene. Hoy. A 20 días de aquel INOLVIDABLE fin de semana, y ya totalmente recuperado, felicito a la organización, por la cordialidad con que nos trataron en todo momento y por los huevos que le pusieron para que nada se escapara de los márgenes. También les agradezco al Chaquito y al Fabi por haber demostrado las grandes personas que son, y a mi compañero de aventuras Andrés, por haber cosechado un triunfo mas. |