-Che, el Domingo brazas y guitarra en casa. ¿ Venís ? -No puedo. Corro el Balsa a Balsa. -Otra vez la mula al trigo !!! -Es un sentimiento, . . . y estoy lejos de parar . . . -Veo que todavía no acomodaste los patos en fila -Los patos de mi cabeza juegan ronda con los ratones . . . ¿ Imaginate como estoy ?
Luego del café con laucha y las tostadas sin manteca nos fuimos para Plottier. El día era ideal para bardear ( pasear por las bardas ). El Otoño vino inspirado esta vez. Sacó su mejor pincel y pintó el mejor Valle de todos. El camino que nos llevó al río era un túnel del tiempo con mil distintos amarillos mas algunos verdes olvidados y desteñidos. Acaso alguien reparó en aquel hermoso paisaje. O los nervios propios y normales de la carrera nos cegaron de tan lindo cuadro para el alma. Andrés debe haber ido atónito mirando tan maravilloso cuadro cuando las luces de stop del vehículo de adelante iluminó el túnel de golpe. El auto quedó como chinchudo. Peores cosas pasaron en Malvinas. Las nubes llegaron antes que el Sol y ocuparon las primeras filas. Luego del Sol llegamos nosotros desparramando expectativas. Alicia, Andrés, Ricardito, Adrián, Diego y el abajo firmante fuimos de la largada. Valeria, Flor, Silvina y Fleppy fueron a la largada. Pusimos en marcha los motores. Le pegué unas aceleradas a fondo para probar. Todo estaba en orden. El locutor de voz gruesa y nombre raro nos metió en clima. Las gateras se abrieron justo a las 11. La Balsa de apellido las Perlas nos despidió empapada en melancolía como la madre tristona que ve marchar a su hijo, sin mas equipaje que la guitarra y las ilusiones, a desandar los caminos de la vida. El camino lo desando un tal Nievas que corre como un animal. Algunos lo seguían de cerca. Yo no tanto. Siguiendo al pie de la letra la estrategia elegida anduve los primeros kilómetros. El horizonte secuestró a Alicia, Andrés, Diego y Ricardito que se habían ido para adelante. Tarareando a Napolitano íbamos con Adrián juntos a la par. Las vueltas del destino y de las bardas nos separaron en el kilómetro 10. Compañeros de turno se fueron alternando para espantar la soledad. De repente. Ahí estaba. La misma piedra. En el mismo lugar. Ya mas canchero que en la edición anterior, la dominé sin problemas, hice la boba, le metí un caño a un alpataco distraído, y ahora sí. Con poco espacio para el impacto no me quedó mas remedio que entrarle de puntín. El dedo gordo quedó inconsciente mientras que los 4 restantes se agarraban la cabeza. El dolor lo perdí a los 5 kilómetros, no así el moretón que todavía me adorna el pié. Vas joya, me dijo una mariposa perdida que buscaba polen en un alpataco sin saber que en el tablero ya se había prendido la luz roja. Mientras Neuquén y Cipolletti jugaban a hacer patitos en el rio yo me debatía entre los meandros del desierto. Mas adelante apareció la arena con un repasador en el cuello. La luz roja ya encandilaba. Basta de retenciones, gritaron a coro las piernas en el kilómetro 13 e iniciaron un piquete a la altura de los gemelos. Parece que el café con laucha y las tostadas sin manteca no fueron suficiente para los 26 km. La medida de fuerza fue calmada con un Glucotem que encontré en los bolsillos del alma. Las piernas abrieron una sola mano y permitieron un movimiento lento. La medida fue retomada en el kilómetro 20. En el alma ya no quedaba mas Glucotem. Bajé a la banquina , abrí el baúl, saqué el crique y me puse a laburar. Algo para comer por favor. Me comí todo lo que traía macho. Algo para comer por favor. Me parece que algo tengo. El caramelo de naranja me alejó del abismo de la desnutrición y las piernas volvieron a levantar el piquete. Los últimos kilómetros me devolvieron al abismo. El arco de llegada me mantuvo en pie. Las 5000 naranjas que encaré sin pestañar me sacaron de malas. El Gatorade y el agua regaron mis fatigas. A los pocos minutos ya estaba entero para poder disfrutar de un triunfo mas, de un día espectacular y de amigos que llovían a montones. Nos uniformamos de Kakambas y nos fuimos al podio. Varios miramos de abajo y acariciamos en aplausos a Alicia y Ricardito que se llevaron un vidrio. Aprovecho para hacer extensivo aquellos aplausos al grupete de Patagonia Eventos que siempre nos trata como si todos estuviéramos arriba del podio. El día se fue desinflando. Con el auto chinchudo montamos la balsa de apellido Jordan y esta vez el túnel del tiempo, decorado por el pincel del otoño, nos alejó del rio y de una aventura mas. Los mil distintos amarillos ya habían copado la alameda. Los pocos verdes se niegan a desteñirse. Acaso alguien reparó en tan hermoso cuadro para el alma. Andrés, vos mira para adelante !!!
Pablo Martín Giottonini |